"Tengo 70 años y el momento más solitario de mi semana es el domingo por la noche, cuando el mundo parece reiniciarse para todos los demás y me quedo fuera de un ritmo al que solía pertenecer"
Descubrió que no extrañaba solo a las personas, sino la rutina que daba sentido a sus días. Con el tiempo aprendió a construir nuevos hábitos para afrontar la soledad.