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Quinto (Zaragoza), 2 ago (EFE).- La primera reacción suele ser el silencio. No es el miedo ni el morbo. Es el instante en el que el visitante comprende que tras el cristal no hay una recreación ni un modelo anatómico sino personas. Un niño envuelto en seda. Una mujer de 67 años a la que aún le qu…
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