Mauricio, 37 años, Buenos Aires, renunció a una vida cómoda para construir una casa de madera, paja y barro en el monte: "En la ciudad vivimos tan acelerados que dejamos de lado disfrutar"
Mauricio, 37 años, Buenos Aires, renunció a una vida cómoda para construir una casa de madera, paja y barro en el monte: "En la ciudad vivimos tan acelerados que dejamos de lado disfrutar"