"Pedí mi café solo durante 20 años porque mi padre lo hacía, y el día que finalmente admití que ni siquiera me gusta, empecé a encontrar su huella en decisiones que yo consideraba mías"
La protagonista de esta historia descubrió que imitaba hábitos familiares sin habérselo propuesto. Una pregunta casual la llevó a revisar acciones que creía completamente propias.