Sor Marta, monja de clausura, de 29 años: “Cuando llegué, sentí una paz y dije: ‘Esto no sé lo que es, pero es lo que estaba buscando’”
Eligió dedicar su vida a Dios y ahora pasa sus días en adoración plena, además de hacer trabajos comunitarios y de servicios hacia el monasterio que la cobija