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"Tengo 68 años y aún puedo sentarme en un porche sin hacer absolutamente nada durante una hora, y ver a mis nietos entrar en pánico después de 90 segundos es la prueba más clara de lo que silenciosamente intercambiamos"
Aburrirse, en esa época, era algo completamente normal.
Clarín · 2026-07-18 17:49
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